Marco Aurelio García: l Maquiavelo brasileño

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Flávia Tavares e Ivan Marsiglia de O Estado de São Paulo

En esta entrevista, el “consejero del príncipe” revela detalles del encuentro de Barack Obama con Lula en la Casa Blanca, el día 14/03 y dice de quien Lula a propuesto para sucederle en el gobierno, Dilma Rousseff, “tiene un profundo conocimiento de los problemas brasileños, que no provienen sólo de su enorme experiencia administrativa, sino también de una curiosidad intelectual, que le permiten pasear tranquilamente sobre problemas teóricos y prácticos del país. Lo que sigue a continuación es la versión en español de La ONDA digital de la entrevista a Aurelio García

El acto obsceno de Marcos y su ayudante ante una noticia sobre el accidente del A320 de TAM

Marco Aurelio García es maquiavélico. No en el juicio que los enemigos hacen de él, al criticar su doble actuación como asesor especial del gobierno Lula y vice-presidente del Partido de los Trabajadores, o al recordar el episodio relacionado al accidente con un avión de la TAM en 2007 – cuando fue puesto en evidencia haciendo “top-top” en la ventana de su gabinete al verificar, por parte del Jornal Nacional, noticias que eximían al gobierno de culpas. Marco Aurelio se dice maquiavélico en la forma como conduce su relación con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva: “Procuro estar cerca del príncipe, pero no verlo todo el tiempo”, explica, aludiendo a Nicolás Maquiavelo, pensador florentino del siglo XVII.

El “profesor Marco Aurelio”, el MAG, como también es llamado en el Palacio del Planalto, admite que llega a encontrarse con el jefe “cinco o seis veces por día”. El jueves, por ejemplo, interrumpió esta entrevista al recibir una esquela de Lula para que fuera a verlo. Tratarían de las visitas de los presidentes Cristina Kirchner, de Argentina, y el recién electo Mauricio Funes, de El Salvador, que ocurrirían al día siguiente.

Reconoce el privilegio, que de hecho tiene, de ocupar un cargo de primer nivel sin el peso de administrar una cartera. “La gran ventaja es que no firmo órdenes de pago, ni tengo problemas con el Tribunal de Cuentas”, bromea. Y, a pesar de los insistentes rumores de que despierta celos en el Itamaraty, jura que en seis años de gobierno jamás tuvo divergencias con el canciller Celso Amorim o con el secretario general de la institución, Samuel Pinheiro Guimarães. Se define como “consejero” especializado en asuntos de América Latina y parece comprometido, hasta la médula, en una polémica justificativa de los voluntarismos de Hugo Chávez: “Él es consecuencia, no causa de la inestabilidad en Venezuela”.

Natural de Porto Alegre, Marco Aurelio García tiene 68 años, es viudo y padre de un hijo. Cursó derecho y filosofía en la Universidad Federal de Río Grande del Sur e, inclusive, estudió en la Escuela de Altos Estudios y Ciencias Sociales en Francia. Ex-afiliado al Partido Comunista Brasileño, se exilió en Santiago y en París durante la dictadura militar brasileña, período en el cual inició sus contactos con agrupaciones de izquierda europeas y latinoamericanas.

De vuelta a Brasil, a fines de la década del 70, colaboró con las huelgas de metalúrgicos del ABC paulista, de las cuales Lula emergería como líder. Fue Marco Aurelio quien, en 1980, redactó el acta de fundación del PT. Acompañó, como secretario de relaciones internacionales del partido, los innumerables viajes de Lula al exterior y cuando el obrero llegó a la Presidencia, en 2002, se licenció en el Departamento de Historia de la UNICAMP para asumir el cargo que ocupa hasta el día de hoy.

En esta entrevista, el “consejero del príncipe” revela detalles del encuentro de Barack Obama con Lula en la Casa Blanca, el día 14/03. Allá estaba, en la comitiva presidencial. Dice que las conversaciones giraron en torno a la crisis económica, pero el tema Cuba, meditado item de la agenda, cuando apareció, fue en el diálogo que el propio Marco Aurelio mantuvo con el general James Jones, asesor de Obama para asuntos de Seguridad Nacional. Se reunió por espacio de dos horas con el militar, en un gabinete de la Casa Blanca. Pero niega que el gobierno brasileño quiera intermediar la reaproximación entre La Habana y Washington: “Brasil no es un país propuesto”.

– ¿Cuáles fueron sus impresiones del encuentro de los presidentes Lula y Barack Obama?

– Los dos hablaron, principalmente, del tema económico. El presidente Lula trasmitió su visión sobre la incidencia de la crisis en Brasil y recibió de Obama la evaluación sobre la situación de la crisis allá. Más allá de eso, trataron de América Latina: el presidente Lula dijo que sería esencial que los Estados Unidos tuviesen una política de asociación con la región. Informó el deseo del presidente Hugo Chávez de establecer una buena relación con los Estados Unidos. Finalmente, hablaron de temas bilaterales, en un balance positivo de la cooperación entre Estados Unidos y Brasil. Lula expresó su preocupación con tendencias proteccionistas de los americanos y trató del tema energético, reivindicando el fin de las barreras a los bio-combustibles.

-Con relación al encuentro, había comentarios de que Obama podría comenzar a comprar más petróleo brasileño, y menos venezolano, bajando los decibeles de Chávez. ¿Eso es cierto?

– No hay nada en este sentido. Eso acabó creciendo porque un periodista del (diario español) El País levantó el asunto. Pero es una ficción. Brasil no tiene excedentes petroleros significativos para exportar. Y no estableceríamos competencia con países como Venezuela y Ecuador.

– Obama también habría preguntado a Lula si Mauricio Funes sería electo presidente en El Salvador y si era confiable. ¿Usted lo confirma?

– Fue el presidente Lula quien tocó el tema, elogiando a Funes.

– ¿Cual fue su misión en este primer contacto Lula-Obama?

– La visita fue organizada por el Itamaraty, especialmente por el embajador Antônio Patriota. Yo tuve una reunión con el general James Jones, asesor de Seguridad Nacional de Obama.

¿Porqué el gobierno americano designó al general para hablar con usted? ¿Hay una mirada militarista sobre América Latina?

– No, en los Estados Unidos él es visto como mi contraparte. Inclusive, en la última visita que hizo a Brasil, Condoleezza Rice, se refirió a mí como national security adviser – una especie de consejero presidencial, que no es ministro. El general Jones y yo hablamos de la próxima Cúpula de las Américas, en Trinidad y Tobago. Él me preguntó si el tema cubano tendría un papel central y yo le dije que creía que no, el tema principal debería ser la crisis económica. Hay países en la región muy castigados por la disminución drástica de las importaciones americanas y de las remesas de los inmigrantes hacia casa. El tema de Cuba va a aparecer, porque hay un sentimiento generalizado en América Latina de que el embargo ya no tiene más sentido. Forma parte de una agenda superada, de la Guerra Fría. Y la normalización de las relaciones con Cuba tendría un efecto extraordinario en la imagen de los Estados Unidos. Pienso que, en un primer momento, las iniciativas americanas deberían ser unilaterales, sin ninguna condicionante.